sábado, 13 de mayo de 2017

Audberto Trinidad Solís


Audberto Trinidad Solís (Coatzintla, Ver.). Licenciado en Pedagogía por la Universidad Veracruzana. Miembro fundador del Taller Literario Xicotepec (2001). Obtuvo el 4° lugar en el Concurso “Carta de amor” y reconocimiento en el 1er Concurso de Poesía Juvenil Libre, Poza Rica, Ver. (1997). Cuenta con curso de Guionismo para Radio y Televisión Educativa, ILCE. Participante en el proyecto “Ciudad Mural Xicotepec”, del Colectivo Tomate (2014). Presea SETEPID 2015, Puebla, en el Ámbito Literario. Publicaciones en periódicos y revistas: “El Norte”, Poza Rica, Ver.; “Voces Magisteriales”, “Intolerancia”, “Magisterio, es tu voz”, “Expresión Magisterial”, La Gaceta “Letras de la Sierra”, de Puebla; en las revistas digitales “Conociendo mi México”, “Nocturnario”, “Minificción”, “Creamos”, “Primera Página”, “Poemas en red / Proyecto Tijuana poética”, además en “Xantolo.org Mapa Colaborativo”, del Programa de Desarrollo de la Huasteca. Publicó narrativa y poemas en la antología “Contraseñas”, del Taller Literario Xicotepec (2003). Autor de la plaquette La mejor batalla (2004). Creador y promotor del ciclo de lecturas Literatura en voz alta (LEVA), para la divulgación de literatura en Xicotepec de Juárez, Pue. Radica en Xicotepec de Juárez, Pue. Preside el Taller Literario Xicotepec.



Encomendar la muerte

Sabían la guerra ganada.
Era cosa de tiempo.
Cada mercenario sólo espera la confirmación de la toma del único camino por el que sería la llegada de inútiles refuerzos para el enemigo.
El ambiente apesta; muchos cuerpos están irreconocibles.
Animales carroñeros abundan al hastío.
Cada soldado aguza la vista y el oído.
La orden se transmite, llega a cada mente embebida de triunfo.
Encaminan el exterminio.
Cada quien se encomienda a la bondad de su propio Dios.


Performance de altura

Después de sinfín de intentos fallidos obtuvo el permiso para su primer performance. Como buen anfitrión eligió a funcionarios de cultura, gente reacia a gastar en expresiones de arte.
La incógnita del nombre y la temática acrecentaron la curiosidad, sobre todo de los burócratas que desatendieron sus peticiones.
En la fecha justa, a medio recinto la concurrencia vio unos cables de acero proyectados a gran altura de la mesa principal.
El cartel con el nombre del evento se encontraba oculto por una mampara. Atrás, el aula en total oscuridad. Después del corte del simbólico listón el público oficialista se abalanzó –como de costumbre– hacia el local, para presenciar el acto.
A tientas, él apretó un interruptor y todos se enteraron de golpe del título: “Aplastados”.


El mismo dolor

Como el gato, Mario también tenía ojos felinos: ambos miraban el mismo bistec.


Misterioso origen

―Amables radioescuchas: persisten los ataques de la delincuencia a negocios comerciales en la ciudad. Tenga mucho cuidado al salir de casa. La ola de secuestros está en aumento; no importa la edad, cualquier ciudadano es potencial víctima. Ayer, durante el operativo de rescate, perdieron la vida los maleantes y todos los miembros de la familia que secuestraron hace días. Todavía muchos vecinos de las colonias devastadas en esta ciudad viven en situación precaria. Recuerden que ya es temporada de huracanes; para mañana se anuncia la entrada del décimo, vaya tomando las precauciones del mes. En otro tema, después del corte, mi colega, la señorita Buendía, les revelará las principales causas de la depresión.


Boom matemático

―Alteza: el estudio revela que las reservas probadas sólo alcanzan para mantener a la dinastía hasta los próximos veinte años. El Consejo Supremo de Economía dicta que la solución está en los impuestos de todo tipo que pagan los contribuyentes.
El monarca medita, revisa cuentas, se aprieta las sienes. Preocupado acaricia el mentón.
―La solución no es aumentar impuestos a la misma cantidad de personas- escucha decir.
―¡Ya está! Publiquen de inmediato que para la felicidad de todas las parejas anulo la Ley que prohíbe la familia con hijo único.



sábado, 29 de abril de 2017

Ulises Paniagua


Ulises Paniagua (Ciudad de México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Tiene un posgrado en la especialidad de imaginarios literarios.  Es autor de una novela: La ira del sapo (2016); así como de cuatro libros de cuentos:  Patibulario, cuentos al final del túnel (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), y Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015).  Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015); así como los CDs sonoro-poéticos: Cuadriversiones (2013), Clandestinos y nocturnos (2014), y Mientras nos queden labios con qué cantar (2016). Ha sido divulgado en antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales, incluyendo El búho, Círculo de poesía, y Jus. Columnista de la revista Horizontum, ha sido publicado en la Academia Uruguaya de Letras; así como en España, Italia, Perú, Cuba, Venezuela, Argentina y Costa Rica. Primer lugar en el Concurso Literario de Cuento “La caverna” (2016). Mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche (2007), y del Premio Endira de Cuento Corto (2016), fue antologado en: Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga (Italia, 2008), y en Poetas del siglo XXI (España, 2014). En el 2011, con su colaboración literaria con el grupo Kanga, obtuvo el primer lugar en el concurso nacional de España, Tú sí que vales. Locutor colaborador en el programa Jazz Arquitectónico, de Radio Anáhuac. Ha sido tallerista en CONACULTA, en la UAM, y en la Fundación René Avilés Fabila, así como becario de CONACYT (2014-2016). Su obra ha sido traducida al inglés y al italiano. 

Contacto:  sesilu7@yahoo.com.mx.



Estimado oficinista 

Para aclarar la situación, dejo este mensaje sobre la pantalla de su PC. No se presente más. Hace dos quincenas nos enteramos del accidente automovilístico, lo cual nos apesadumbró. Incluso colocamos una veladora en la copiadora general (lo que atenta contra las reglas de la empresa). Hemos hecho suficiente, así que, es una súplica, ya no asista. Comprendemos la situación delicada, la necesidad de un empleo, el que piense en el bienestar de su familia. Pero su extremada palidez, las cicatrices que le heredó el accidente y sobre todo la pestilencia que despide, han mermado la productividad de los compañeros quienes se quejan de su higiene. Recapacite. Sea fuerte. Acéptelo: usted está muerto. No nos obligue a negarle el acceso al corporativo.
Sin otro particular, se despide de usted su jefe inmediato.
Licenciado Ontiveros. 


Los expectantes 

Cuando subí a la azotea a tender la ropa, me venció el asombro. A lo lejos, sobre el cerro (un poco más allá de la autopista), una serie de formas semihumanas acechaba. Supuse que se trataba de rocas, aunque me pareció extraño no haberlas notado antes. Después imaginé un derrumbe dando paso a una nueva morfología del cerro. No eran piedras. Eran seres gigantes. Debían medir entre cuatro y cinco metros de altura. Lo que me inquietó fue su inmovilidad. Permanecían, algunos de pie, otros en cuclillas, apenas cubiertos con taparrabos, observando la breve ciudad en la que vivo. Su piel tenía el color del tezontle. Era imposible no sentirse intimidado por su mirada. Qué esperaban, no pude descubrirlo durante los minutos que dediqué a contemplarlos, a tratar de capturar una buena foto a través de mi celular antes de marcharme al trabajo. Ahora ha oscurecido. Habrá que esperar a que amanezca para saber si los expectantes siguen allí; o escuchar gritos aterrados durante la madrugada, para certificar sus intenciones.


La isla de los sueños salvajes 

Cada solsticio se practica una extraña costumbre en esta isla que asoma por Oriente (allí donde los habitantes acostumbran el ascetismo), pues en las fechas referidas los villa morganos liberan las pesadillas a manera de gimnasia espiritual. En una ceremonia nocturna el sacerdote se encarga de correr los pestillos y los cerrojos de las celdas. Como bestias furiosas las pesadillas embisten los pensamientos de los ascetas, semejando en el asedio el vapor de una cacerola una vez que ha alcanzado el punto de ebullición. Pero la paciencia impide cualquier incursión de los malos sueños, cual poderoso escudo de cruzado en Tierra Santa. Los ascetas, que permanecen con los ojos cerrados, en una postura vertical pero relajada, consiguen en armonía desplazar de su mente las imágenes en que el soñante cae desde una almena mora; o donde la amada escapa en las grupas de un caballo del demonio; o aquéllas donde se es atravesado por un tiro de ballesta o devorado por un jabalí; incluso los sueños recurrentes en que se está sediento en medio de un oasis intangible. Después del acoso que se prolonga hasta las luces del alba, reina la voluntad de los ascetas. A las pesadillas, derrotadas y en franca humillación, no les queda más que emprender una huida decorosa para volver a la soledad de la prisión, donde a pesar de las incomodidades se sienten a salvo del desdén de sus pretendidas víctimas. Los habitantes de Villa Morgana regresan a la vida común esperando con ansias el próximo solsticio, sólo para volver a comprobar la fuerza invencible de su interior (al menos esto refieren, en un lenguaje cincelado, una pila de menhires que se exponen en aquellas playas).


Duendes 

Mis libros andan por el mundo. Me topo con ellos en una feria literaria, en el librero de un amigo. Hay más de uno del que no guardaba memoria, del que no recordaba despiadados esfuerzos de gestación artística. A menudo me preguntan si los amo, se dejan acariciar la cuarta de forros, el prólogo, la contraportada, las páginas tersas. Respondo, contagiado de entusiasmo, que los quiero mucho, que a ratos los extraño de manera rabiosa. Nos regocijamos en el encuentro. Viene luego la despedida. No hay espacio para la nostalgia, no es terrible, pues sabemos de antemano que en el lugar menos adecuado, una repisa, una mesa de café, en el andén del metro, volveremos a reconocernos. Y seremos dichosos, no importa que nuestra alegría sea breve. Sé que estarán ahí, saludándome con sus portadas, agitando sus letras alegremente.


La noche muda 

Supongo que fueron disparos los que alumbraron la noche. Confinado en este cajón, tres metros bajo tierra, me es imposible recordar.

sábado, 22 de abril de 2017

Karla Barajas


Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1982. Desde 2004 publica cuentos, poemas, ilustraciones… en periódicos de Chiapas, entre ellos Noticias Voz e Imagen, Mirada Sur, en las antologías Cuéntame un blues, Antología de minificciones, Editorial La Tinta del Silencio (2013), y la antología Poesía desde la coyuntura: voces para caminar, editado por el Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (2017); y revistas nacionales, Revista Va de Nuez de Literatura y Arte, Guadalajara, Jalisco; El Beismán, Chicago, Il; Poemas en Red, Proyecto Tijuana, y en Revista Enheduanna desde el 2016.
Publicó Valentina y su amigo pegacuandopuedes y La noche de los muertitos malvivientes, Editorial Imaginoteca, en el 2016; Neurosis de los bichos, Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, 2017.
Participó en el “Primer Festival de Poesía Voces Contemporáneas rumbo a la Equidad”, Radio UNAM, Ciudad de México, Editorial Homo Scriptum, Artemisas Producciones, 8 y 9 de marzo de 2013, en D. F; por invitación de Maya Lima en el “3er. Grito de mujer. Festival de Poesía UAM”, en el Zócalo Capitalino, 9 de Marzo de 2013; en el “I Encuentro Internacional de Escritores en torno a Paradigmas poéticos y Narrativos”, Acequia Va de Nuez y Homo Scriptum, 30 de noviembre y primero de diciembre de 2012, Guadalajara, Jalisco; en el 6º Encuentro Nacional de Literatura, Al Sur de la Palabra, Conaculta y Colorín  Colorado, febrero de 2012, Séptimo Encuentro Nacional de Literatura “Al Sur de la Palabra”, 19, 20 y 21 de septiembre de 2013, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.



Alimentos exóticos

En un callejón estrecho de Tian’anmen, Beijing, vimos empalados alacranes retorciéndose, defendiéndose con pinzas y cola, caballitos de mar, cucarachas, escarabajos…  un hombre.
“Para quién lo ignore, la operación es bien sencilla. Brutalmente sencilla. Con un machete se puede afilar muy bien, hasta dejarla puntiaguda, completamente puntiaguda. Debe escogerse un palo resistente, que no se quiebre con el peso de un hombre, de ‘un cristiano’, dice el pueblo. Luego se introduce al hombre, hay que tirarlo de las piernas, hacia abajo, con vigor para que encaje bien”.
Sí, me acordé del cuento de José Revueltas, Dios en la Tierra, cuando vimos la figura humana de tela que unos veganos empalaron frente a los vendedores de ojitos rasgados, en protesta por el maltrato animal.


Junio en Arizona

La muerte te ronda. Cuídate del alacrán, dijo la adivina y curandera de San Cayetano y él pensó en su compadre Juan Abarca, “el ponzoñoso”. Cruzábamos por el desierto de Arizona y murmuró que no lo matarían las temperaturas altas, sería ese, su compadre.
―¿Qué se trae conmigo? ―reclamó el Juan Abarca empujándole el hombro, su mochila cayó al suelo.
―¡Usté me envidia ―reclamó colocándose la mochila de nuevo, fue cuando el alacrán le enterró su cola en el pecho y él se revolcó del dolor, íbamos a ayudarlo, pero su compadre gritó: ¡nos va a agarrar la Migra, apúrense!... Obedecimos. Cuánta razón tenía la adivina. 


Bajo estricto control

Para una industria próspera era necesario que las obreras fueran estériles. Con sus aparatos atrofiados trabajan como limpiadoras, nodrizas, almacenadoras, guardianas. Algunas tuvieron como crías zánganos. Hay una obrera en celo en la colmena, encerrada bajo estricto control por las otras abejas.


Infiernos

Cuando despertó estaba en el féretro, le faltaba oxígeno, intentó abrir la caja con todas sus fuerzas. No sintió la mano, las hormigas la habían despedazado y seguían recorriendo su cuerpo. Se abrió la caja y el hombre salió, no hubo tiempo de pensar, con un golpe en el estómago, el verdugo lo recibió. Una vez más cayó, esta vez sobre el suelo.
―Te faltan doce infiernos ―dijo el verdugo, mientras elevaba en alto su martillo.
Dolor.


Antes de salir al escenario del Three Forks…

La amó en distintos cuerpos de mujeres por el sur de Estados Unidos.
Los hombres no entendieron el adulterio de sus esposas; la fidelidad del bluesman, que de besar los labios de un fantasma, se agotó; y previo a su último concierto bebió la botella de whisky, que un marido deshonrado mezcló con estricnina.
En el Three Forks tocó su guitarra Gibson, en la vibración de las cuerdas escuchamos los orgasmos que sostuvo con Virginia Travis.
―Virginia, el amor es limitado, la muerte infinita ―dijo Robert Jhonson esa noche, cuando dejó de amarla al principio de su muerte.